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Palabra Digital

Virus del hambre, más mortífero que Covid-19

Cuando se piensa en las crisis mundiales que provocó la pandemia de la Covid-19 inmediatamente saltan conceptos como economía, desempleo, inseguridad y se pierde de vista que también el virus generó más hambre en el orbe.

Por: Tamara Benavides

El virus del hambre

El mundo está enfermo, más de 134 millones de casos de SARS-COV-2 y 2.9 millones de muertes se muestran catastróficas y desalentadoras. Pero ¿realmente el coronavirus es tan mortal o estamos conviviendo con un problema mayor y tan solo lo hemos ignorado durante años?

Para ponerlo en perspectiva, de acuerdo con el Reporte global de crisis alimentarias 2020 tan solo en 2019  habían 821 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria, de las cuales el 18.14% se encontraba en hambruna extrema. Ahora gracias a la crisis sanitaria ––según datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA)––, se estima que dicho estado de crisis aumentó 82% dejando a  270 millones de personas entre la vida y la muerte por no poder alimentarse.

Esto significa que al día mueren de hambre entre 6 y 12 mil personas ––gracias a los efectos sociales de la pandemia––. En comparación, 7 mil  personas fallecen diariamente a causa de infección por el virus, de acuerdo con datos de la Universidad John Hopkins.

Es decir, Our World in Data registra que cada año fallecen 53 mil 557 personas ––entre los 5 y 69 años–– por deficiencias nutricionales directamente ligadas con la pobreza extrema que azota a más de 150 millones de individuos.

Tipos de muertes a nivel mundial. Fuente: Our World in Data

El informe Poverty and Shared Prosperity Report sostiene que 9.4% de la población mundial vive con menos de 1.90 dólares al día ––38.30 pesos al cambio del 9 de abril de 2021–– debido a la pandemia. Representando una regresión en los esfuerzos para combatir el hambre, ya que si no hubiera sucedido la crisis sanitaria la pobreza habría bajado 1.5 puntos, quedando en 7.9% en 2020.

“A causa de la pandemia y la recesión mundial, más del 1 % de la población del mundo caerá en la pobreza extrema”, dijo David Malpass, presidente del Banco Mundial.

El hambre no solo golpea a los países olvidados

Si bien el Banco Mundial esperaba terminar con la pobreza para el 2030, las presiones económicas de la pandemia lo impiden. Al tiempo que la crisis alimentarias se concentran en países como: Yemen, República Democrática del Congo (RDC), Afganistán, Venezuela, Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Siria y Haití. Dichas naciones concentran el 65% del hambre en el mundo.

Hambre en el mundo Fuente: GLOBAL REPORT ON FOOD CRISES 2020

No obstante, no hay que dejarse engañar porque la inseguridad alimentaria se abre paso rápidamente en países de renta media y alta. Un ejemplo de ello es Reino Unido, donde según el reporte The lived experience of food insecurity under Covid-19 cuando inició en confinamiento 11.55% de su población dejó de hacer algunas comidas.

Caso hambre R.U. Fuente: The lived experience of food insecurity under Covid-19

Además de que 3.7 millones (de una población de aproximadamente 66.65 millones) recurrieron a bancos de alimentos para poder comer.

“Ahora sólo nos queda lo más básico. Creo que podríamos seguir durante otro mes más o menos, como mucho… espero volver a trabajar”, dijo Michael albañil en Irlanda del Norte.

Algunos de los impactos de la inseguridad alimentaria en Gran Bretaña fueron que:
  • La ingesta calórica, la calidad nutricional se redujeron, por lo que mucha gente subsiste con alimentos enlatados, congelados o carbohidratos simples (pan pasta y arroz). Presentando mal nutrición.
  • Personas con intolerancias alimentarias no pueden permitirse cuidar su dieta, lo que provocó un efecto negativo en su salud física y emocional.
  • Empezaron a consumir alimentos expirados corriendo el riesgo de contraer intoxicación alimentaria.
  • Se dejó de comer por placer y solo para subsistir.
  • Se eliminó la convivencia familiar durante las comidas y se canceló cualquier comida de celebración porque los almuerzos consistían en una rebanada de pan.

El hambre congoleña

El hambre puede pasar desapercibida si las personas se reducen a números y eso es lo que sucede en la República Democrática del Congo (RDC), país que ocupa el segundo puesto en hambruna extrema a nivel mundial.

Los 27.3 millones de personas al borde de la inanición ––3% de la población–– que reporta la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se leen como poco en un país con más de 86.79 millones de habitantes, pero si se comparan, tal número de personas representan la suma de la población total de Holanda (17.2M), Suiza (8.5M) y Estonia (1.3M).

La situación sorprende porque en un territorio de 2 millones 344 mil 858 kilómetros cuadrados, rico en recursos naturales y minerales para la construcción de teléfonos celulares prima la corrupción ––ocupando el décimo puesto a nivel mundial­­–– y un ambiente de inseguridad desmedida. Las rivalidades étnicas se hacen presentes y los grupos se disputan el control de los territorios desde el siglo pasado.

“Los conflictos recurrentes en la zona oriental y el sufrimiento que ocasionan son motivo de gran preocupación. La estabilidad social y política resulta esencial para reforzar la seguridad alimentaria y promover la resiliencia de las poblaciones vulnerables”, aseguró Aristide Ongone Obame, representante de la FAO en aquel país a la agencia IPS.

Mientras su economía se desploma con un Producto Interno Bruto (PIB) de 50 000 millones de dólares y cada día hay más desplazados por el hambre, nos consolamos ignorando el problema. Porque “es más fácil vivir sabiendo que el hambre lo van a pasar otros”, en palabras del periodista Martín Caparros, autor del  El hambre (2014).

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