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Palabra Digital

Egon Schiele, una nueva intimidad

Egon Schiele: El color de la piel, salpicado de tonos estridentes, reafirma esa expresión de anormalidad.

Por: Valeria de Simone

Estetización de lo patológico y lo sensual

Los puntos comunes del conjunto de la obra de Egon Schiele se encuentran dentro de su voluntad en “desestetizar” lo estético.  Liberarse del culto a la belleza  propuesto por la Secesión vienesa, negando que lo bueno y lo verdadero fueran su fuente.

La belleza patológica de Egon Schiele

Schiele es uno de los responsables de la estetización de lo patológico y lo sensual, de que hoy no se consideran antónimos lo feo y lo bello y de que hayan adquirido categoría artística los cuerpos enfermos y también los rincones más íntimos de la anatomía.

Sus incursiones en temas le llevaron a representar el cuerpo humano desde perspectivas inéditas, descubriendo en estas poses, territorios nuevos de la intimidad. Egon Schiele. Autorretrato doble, 1915

Escenificaciones del yo

Esas innovaciones temáticas, y también las formales, se encuentran fundamentalmente en sus obras en papel, un género más importante, a la hora de conocer al artista, que sus pinturas monumentales.

Entre otras razones, porque el limitado acceso público a su obra sobre papel garantiza su libertad a la hor de decidir motivos y técnicas. 

Sí conocemos que él los entendía como un medio expresivo autónomo respecto a sus pinturas, que los expuso desde 1911 y, desde luego, que sus líneas y contornos pueden servir de patrón para valorar el conjunto de la producción artística de Schiele.

Autorretrato desnudo con la boca abierta, por Egon Schiele. 1910.

Sin prejuicios ni idealismos

Él es, junto a Kokoschka, el mayor representante del Expresionismo vienés, movimiento que aglutinó a creadores que formularon una enfática pretensión de veracidad desde la falta de prejuicios y la lucha contra todo idealismo sospechoso de encubrir lo real con falsedades.

En sus últimos años de vida, Schiele incluso desbancó a Kokoschka, algo mayor que él, como símbolo de la crisis política y social de los años de la I Guerra Mundial.

Mente del autor

Hoy consideramos que su obra melancólica representa, más que la de cualquier artista de la Viena de entonces, la expresión de la “desintegración del mundo sin un futuro claro” típica de su tiempo.

Quien describió de forma más completa los principios formales de las obras de Schiele fue Rudolf Leopold, en 1972; Jane Kallir elaboró un monumental catálogo razonado que mostró la riqueza de su obra al completo.

Kallir concibe su producción como manifestación directa de su sufrimiento personal, de sus instintos y temores sexuales. Kirk Varnedoe y los expertos de la Albertina entienden que tanto sus autorretratos como sus retratos y desnudos femeninos constituyen variaciones de esas escenificaciones del “yo”.

Egon Schiele, Amantes, 1915, Leopold Museum, Viena.

Consideran que la incongruencia entre gestos y mímica, la desintegración del lenguaje corporal, la desestabilización de la imagen respecto al espacio, la dislocación de la perspectiva y la excesiva representación de roles solo pueden interpretarse al servicio de puestas en escena, que conllevan una acción actoral.

Se entiende el arte de Schiele como teatral, como fruto de una estética de la escenificación en la que el artista es, a un tiempo, actor y director. Sus desnudos femeninos no serían el fruto de una contemplación furtiva sino escenificaciones estudiadas de la sexualidad y el cuerpo.

La esencia de las figuras estaría, así, en ser vistas, lo que implica el destacado status formal que Schiele concede al espectador en las composiciones que, en último término, se organizan en función de la dirección escénica de las miradas.

EGON SCHIELE. ‘La familia’ (1918)

Sus máscaras son múltiples: las escenificaciones de sí mismo son exhibiciones del propio artista que ponen de manifiesto su concepción del ser humano y de su sexualidad. Esta exhibición teatral entraña que la escenificación se lleva a cabo de forma intencionada para un público.

En el autorretrato de Schiele es donde se hace más radical el principio de la implicación del espectador y de la desintegración de la identidad, por eso hablamos de estos autorretratos como tematizaciones del “yo”.

Tal como el artista se ve y se escenifica

El cuerpo solo fue considerado plenamente reflejo de la personalidad individual en las postrimerías del s XIX. Solo con la llegada de la modernidad adquirió el don de la elocuencia, aunque en el caso de Schiele, lo que se escenifica en el teatro de esas imágenes como reflejo psicofísico son citas visuales de diversa procedencia. 

EGON SCHIELE. Desnudo masculino sentado (autorretrato) (1910). Imagen vía: Google Arts & Culture

Las figuras de Schiele viven de su lenguaje corporal, pero esa noción por sí sola no describe el repertorio de expresiones gestuales de sus obras.

Schiele pinta y dibuja desnudos inusuales. En ellos, se ve a sí mismo como un cuerpo demacrado con miembros de insecto y extremidades contraídas, encorvado y raquítico: como imagen de la calamidad.

El color de la piel, salpicado de tonos estridentes, reafirma esa expresión de anormalidad. En estos autorretratos se transmite indirectamente la psique de Schiele y la ausencia de entendimiento mutuo entre él y la sociedad.

 

 

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