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Primer lugar

Transcurre prueba de audio en postes del C5 entre fallas

Por: Sebastián Díaz Mora

“No se espanten, no se espanten, ahorita va a sonar la alerta sísmica, pero sólo es una prueba de
sonido”, dijo una mesera del Vips a los comensales que se encontraban desayunando en el
restaurante ubicado en Eje 5 sur, colonia Narvarte, minutos antes de las 11 de la mañana.
A esa hora estaba programada para este domingo 11 de abril la prueba de audio en los 12 mil 826
postes del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de
la Cuidad de México, que, en caso de temblor, reproducen la alerta sísmica.
A unos 100 metros de distancia de la sucursal del Vips, en la esquina de Eje Central y Eje 5 Sur,
un poste metálico del C5 con botón de auxilio, cámara de seguridad y dos pequeños altavoces
instalados, comenzó a reproducir exactamente a las 11:00 horas una música durante algunos
segundos y luego sonó el mensaje: “Ésta es una prueba de audio de los altavoces de la Ciudad de
México, agradecemos su apoyo reportando cualquier falla al 911.” No se reprodujo la alerta
sísmica.
Los pocos transeúntes que caminaban por la zona en esa calurosa mañana dominical no se
inmutaron ante el audio de prueba. Un joven que estaba justo al lado de los altavoces mientras
esperaba en una parada del trolebús ni siquiera volteó a ver el poste y se mantuvo como si nada
con el celular en la oreja. Nadie le hizo caso al altavoz.
Tras unos segundos, la prueba de audio terminó. Apenas duró un instante. De nuevo, el único
sonido en la atmósfera era el del rugir de los motores de los autos, ese ruido característico de las
grandes avenidas de la Ciudad de México.
El poste del C5, que lucía medio descuidado, con las instrucciones de uso del botón de auxilio
rasgadas y con el soporte lleno de basura y polvo, había cumplido con la reproducción del audio.
Parecía que todo había salido a la perfección, pues ningún vecino o trabajador de la zona habían
salido a verificar si los altavoces del poste se escuchaban, señal de que todos, desde el interior de
sus hogares o de sus lugares de trabajo, habían escuchado el sonido de prueba.
No obstante, minutos después de la reproducción de la prueba, comenzó el desengaño en el Vips
ubicado a 100 metros del poste. “Aquí no se alcanzó a escuchar nada”, afirmó Manuel, gerente del
lugar, quien vestía una playera tipo polo blanca en la que llevaba un gafete con su nombre de pila,
y a quien apenas se le veían los ojos y la frente con su mascarilla KN95.

La mesera había hecho su advertencia en vano

“En el sismo [del 19 de marzo] tampoco se escuchó nada”, recordaba Manuel al tiempo que recibía
a comensales que llegaban a desayunar pasaditas las 11 y cuarto de la mañana.
Y es que justo las fallas reportadas hace casi un mes en los postes del Gobierno capitalino fueron
la razón por la que las autoridades realizaron el ensayo de hoy.
Al menos en ese Vips tienen su propio sistema de alerta que, según Manuel, se activa
automáticamente en caso de sismo. Sin embargo, no todos los negocios cuentan con un sistema
de alarma automática.
“¿Ya sonó la alerta?”, preguntaba confundido un trabajador del mercado de carnes Meatme,
ubicado a contra esquina del poste del C5, 20 minutos después de que había sonado el audio de
prueba.
El trabajador, quien habló bajo condición de anonimato debido a que no estaba autorizado a hablar
con medios, comentó que él no alcanzó a escuchar el audio, pese a que se encontraba en la
entrada de la tienda.
En ese negocio no cuentan con un sistema de alerta que se active automáticamente en caso de
sismo para que se evacúe el lugar antes del comienzo del movimiento telúrico. Tienen alerta, pero
ésta se activa manualmente.
El problema del bajo volumen, sin embargo, no sólo se observó en este punto de la Alcaldía Benito
Juárez, sino que fue una constante en toda la ciudad.
“El altavoz y la cámara ubicados en la calle de Sur 6, esquina Oriente 229, de la colonia Agrícola
Oriental, Alcaldía Iztacalco, al parecer no funciona”, reportaba una usuaria en Twitter. “En la
colonia Escandón, cerca del Viaducto, casi no se escuchó”, denunciaba otra usuaria en la misma
red social. Cientos de denuncias como estas fueron consignadas por los capitalinos en redes
sociales, minutos después de la prueba.
A la 1 de la tarde con 4 minutos, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum,
y el director del C5, Juan Manuel García, dieron inicio a una conferencia de prensa virtual para dar
a conocer el reporte de resultados de la prueba de audio. Ambos dieron el parte desde las
instalaciones del órgano desconcentrado del Gobierno de la Ciudad, portando cubrebocas y con el
centro de operaciones -lleno de pantallas y monitores- funcionando a sus espaldas, a manera de
fondo.
De acuerdo con el Gobierno capitalino, de los más de 12 mil postes del C5 que tienen instalados
altavoces para hacer sonar la alerta sísmica, sólo en 413 no se reprodujo el audio de prueba por
fallas. Además de estos 413, una cantidad indeterminada de altavoces reprodujeron el audio con
un bajo volumen.
Tras haber rendido el informe, la Jefa de Gobierno explicó que la mayoría de los altavoces con
fallas son de tecnología analógica.
“Estamos haciendo una solución de fondo, ya sustituyendo todos los altavoces que están en
tecnología analógica a tecnología digital y este mismo mes sale una licitación pública para poder
hacerlo”, aseveró Sheinbaum. “Al tener tecnología digital, que la tendremos hacia el segundo
semestre de este año, estaremos en muchas mejores condiciones para tener los altavoces al 100
por ciento.”

Respecto al bajo volumen reportado en varios puntos de la Ciudad, Sheinbaum también atribuyó
ese desperfecto a la tecnología analógica.
Tras media hora de conferencia, la Jefa de Gobierno cerró con un agradecimiento: “Gracias a la
ciudadanía por su apoyo en este ejercicio.”
Ya desde hoy se comienzan a revisar los altavoces que reportaron fallas. La ciudadanía tendrá que
esperar hasta el segundo semestre para que todos los postes con alerta puedan funcionar a la
perfección.

Segundo lugar
Enseña en casa:El modelo educativo público de la educación básica en México

Por: Sebastián Gómez Rosales

Viernes 9 de abril del año en curso, Silvia Contreras, psicóloga por convicción y profesora por
circunstancia, despierta a las 7:00 de la mañana, con el tiempo justo para bañarse, arreglarse y
estar lista 1 hora con 50 minutos después de abrir los ojos, pues la constante, mas no diaria junta
de consejo, está por comenzar.
Desciende de su cuarto y se dirige a la ubicación, inconscientemente establecida por la familia,
destinada a las actividades laborales o académicas según el integrante, mismo espacio que con el
pasar de las horas, retomará su función original de comedor, saluda a sus dos hijos, y se propone
a compartir el internet de 20 megas, que ya limitado una hora atrás cuando las clases de ambos
jóvenes habían comenzado, se habría de limitar aún más.
A las 9 en punto comienza la bienvenida por parte de los directivos y se escuchan de fondo los
espontáneos “buenos días” de los profesores, quienes atemporalmente se integran al pasar de los
minutos. Una vez todos en Meet, se inicia con la misma pregunta de todas las juntas “¿cómo
vamos con las clases en línea?”, cuestión que en distintas ocasiones se ha respondido con
experiencias similares.
–Un tal “Pablo Escobar” logró entrar a mi clase sin que yo le otorgara el acceso, segundos después
y sin decir ni una palabra, mostró en pantalla un vídeo con todos los correos de mis alumnos,
seguido por una amenaza de hackeo. No quise adivinar si era real o falso y opté por cerrar la
sesión. Compartió la profesora Lourdes entre risas de nervio y tono incrédulo.
La directora de la secundaria escuchó atentamente el relato de la profesora “Lulú”, quien al
terminar de contar su incómoda experiencia, recibió por retroalimentación un frío y desolado: “Por
eso ustedes deben regular la entrada”, para luego cambiar abruptamente el tema.
Mientras tanto, Silvia desaprobó con la cabeza al no creer lo que había escuchado, pues la misma
dirección escolar accedió a la incesante demanda de los padres y tutores por tener clases en línea,
ya que no consideran suficiente el modelo de educación a distancia, del cual depende el programa
“aprende en casa” establecido por la Secretaría de Educación Pública. Ella es consciente de que
las autoridades de distintos planteles no obligan, pero persuaden con un esmero voraz al docente

que flaquea ante sus abrumadoras peticiones; sin embargo, guarda sus comentarios, debido al
desgastante esfuerzo que ha demandado el alzar la mano en pasados diálogos y obtener como
resultado “el avión” de propios y extraños.
Las manecillas pasan de un número a otro y los profesores comienzan a exponer sus propuestas,
Silvia sabe que hablará una vez falten pocos minutos para concluir, debido a que los maestros de
segundo grado tienen la palabra al final, supone que es por las constantes quejas que externan en
contra de la administración escolar actual, pero en lugar de mostrarse inconforme, aprovecha el
lapso en que sus compañeros hablan para adelantar el resto de sus actividades laborales.
Con la cámara y micrófono apagados, se dispone a sacar del bolso sus 12 listas de alumnos, una
por grupo, con promedio de 48 estudiantes en cada hoja; abre su correo y pone manos a la obra
acompañada de las desveladas voces colegas que intentan conseguir la aprobación de su aporte,
y en espera claro, de su turno al micrófono.
Imparte dos asignaturas: “Vida Saludable y Formación Cívica y Ética”, cuenta con 576 estudiantes
aproximadamente y deja dos actividades semanales por materia, lo que da un total de 2 mil 304
tareas que revisar cada siete días; no obstante, solo 50% de sus alumnos cumple con las entregas,
lo que disminuye la carga a 288 educandos, de tal manera que debe revisar a 41 de ellos diario
para cumplir “cómodamente” con sus obligaciones.
Luego de 40 minutos enfocada a la revisión de trabajos escolares, se ve interrumpida de pronto por
una serie de palabras que llaman su atención, baja la pluma lentamente y sube el volumen de la
video llamada lo suficiente para escuchar decir al subdirector académico: “Aunque no tenga lo
suficiente para pasar, toma en cuenta lo que sea que te entregue, en ocasiones sólo palomear si
entregan o no es más que suficiente.” Silvia hizo una mueca de costumbre y regresó a lo suyo;
bien sabe que “no reprobar a nadie” es un acuerdo no oficial que existe en la mayoría de las
secundarias y primarias públicas del país.
Dieron las 10:30 am y entre disgusto y obligación fue convocada la participación de los docentes
restantes, entre ellos Silvia, quien tomaría la palabra de inmediato: –Por indicaciones de la SEP, se
ha pedido en consejos técnicos tomar en cuenta y plantear estrategias para cuidar las emociones
de los alumnos; han perdido familiares, sus padres se encuentran sin trabajo, hay tensión en casa,
sobrecarga de actividades, etcétera. Razones suficientes para proponer una “semana de
recuperación”, que sirva como descanso para los alumnos constantes y a su vez, para que
aquellos faltantes de actividades puedan recuperarse.
La propuesta fue rechazada luego de discutirse por minuto y medio. “Yo creo que la prioridad es
alcanzar los aprendizajes esperados”, declaró con parsimonia el director académico, secundado
por la directora general.
Silvia nuevamente no dijo nada a pesar de querer gritar el ejemplo que ya todos conocían de su
alumna, quien con 14 años, pidió permiso para poder ausentarse nueve días, ÚNICAMENTE 9
DÍAS, y no verse afectada por desatender las tareas. Una estudiante tan preocupada por la
escuela, que sólo pedía un novenario completo para poder velar a su mamá, abuela y tío
recientemente fallecidos, sin verse perjudicada académicamente.
O bien, el ejemplo de otra de sus escolares, quien con foto del diagnóstico y pruebas gráficas de
su persona, mostró la parálisis facial, que con 15 años, ahora le aquejaba; una secuela del estrés
que la llevaría por consiguiente, a solicitar disminuir “sólo un poco” la carga colegial. Sin
despedirse, optó por abandonar la sesión, pero su rostro reflejaba tristeza y coraje por aquellos,
que faltos de humanidad, prefieren quedar bien con la institución que los respalda y no con las
personas (pubertos y adolescentes) a quienes ellos mismos deberían respaldar.

Retomó la revisión de tareas y constantemente atendía el teléfono para brindar apoyo a todo
alumno que lo necesitara. Decenas de situaciones le son narradas día con día, unas más
preocupantes que otras, pero ella atiende todas sin excepción, esperanzada a que el resto de los
70 docentes que laboran en la misma secundaria, de igual manera lo hagan.
Terminó de calificar, se despojó de sus lentes, guardó las listas nuevamente en su bolsa, cerró los
archivos abiertos en la computadora y ésta a su vez la hibernó; apagó el “mouse” inalámbrico,
desconectó el cargador, regresó la pluma a su respectivo estuche, y sentada, ligeramente
encorvada, con las manos juntas en la boca y los codos en presión contra la mesa, comenzó a
proponer en su cabeza, las aportaciones que en 72 horas, durante la próxima junta de consejo,
habrían de oprimirle una vez más.

Tercer lugar
Nadie moriría por ver un video de patinetas

Por: Rodrigo Antonio Moreno Rivera

La primera presentación fue familiar. Garbage proyectó su más reciente montaje en la terraza del
Insolente Café Galería, en Manzanillo número uno, colonia Roma. Ahí se encontraba el padre de
Ana Barrera, fundadora del proyecto textil y grupal que representa, a su manera, el skateboarding
de la Ciudad de México. Momento solemne en el que los menos de 20 asistentes guardaban total
respeto y amplio silencio al mirar el blanco y negro de la imagen plasmada en el límite de las
paredes de vidrio. Acabó y los aplausos emergieron. Taciturno y con voz semi audible, Daniel,
cofundador de la marca, se enfrentó a los asistentes: Gracias. Comenzaron a llegar los
patinadores, los protagonistas del video. Ocuparon el lugar poco a poco. Los padres se fueron y
quienes llegaron esperaban ansiosos ver el video.
A la terraza se entra por una puerta estrecha de frente al ascensor que se detiene en el noveno y
último piso. Los asistentes pasan por la puerta e instintivamente caminan hacia la derecha, donde
al fondo resplandece la luz del proyector con imágenes de algún video musical. La cafetería es un
rectángulo de cristal a lo largo, rodeado por una terraza al aire libre con sillas acapulco, mesas de
picnic y antepechos de metal. Desde ahí la vista puede llegar a la plaza Insurgentes, al Metrobús
Sonora y el edificio BBVA en Reforma. Una Ciudad de México a oscuras.
Quien quiera una cerveza se dirige al otro fondo del lugar, a la izquierda de la puerta principal. Una
barra con promociones de Carta Blanca a precio elevado, comestibles y fumables cannabinoides y
un rack del que cuelgan prendas indiferentes al público. Nada Garbage allí.
Con cerca de 50 invitados, la gran mayoría registrados previamente por internet, ya aflora la
algarabía susurrante y gregaria en el lugar. En grupos de tres a seis integrantes se desperdigan los
patinadores con los trucks de sus tablas anclados al antebrazo. Ropas oscuras cuelgan al balance
de las maderas y algunos con gorros invernales someten sus cabelleras, pintadas, estridentes,
íntimas.
Se preguntan la hora de la proyección a través del cubrebocas. Mientras, unos ya vaciaron sus
bolsillos en cerveza, otros “ufas las trufas y las garufas” y ya tienen en la boca el segundo o tercer
cigarrillo de marihuana. La oscuridad de la noche envuelve el espacio cristalino donde rebotan las
luces de las pantallas móviles y luces neón al interior. Se vuelve más complicado caminar.

Un zoom en plano detalle picado del metro se abre paso en la pantalla. Destellos de ilustraciones a
blanco y negro asaltan la vista. “No puedo más” de Calo ambienta los rostros de los patinadores
videograbados en un desgastado blanco y negro que hace de la imagen un sitio seguro donde
diferentes épocas fluctúan sin pertenecerle a nadie. La cámara sigue los movimientos a la altura de
los pies y sus patinetas. Del rostro con entereza de Ana, Daniel, Mundo, Uriel, Ortiz, Gianni y otros,
hasta el suelo desgastado por la fricción de maderas y metales que aparece divertida, sobria y
honesta. Sí pueden más.
La ciudad es también protagonista del video. Los transeúntes son extras de un remate cómico por
su simple aparición al cruzarse con el lente de la videocámara VX2000. “Un año dos meses” de
grabación, según Ana, se resumen a cerca de 11 minutos.
Los Tepetatles de Arau y Monsiváis vuelven a nacer en la juventud mexicana del skateboarding en
pleno 2021 para hacer suya, otra vez, la sátira cosmopolita; justo en la sección del video donde
onomatopéyicamente se caen los atletas sin causa. Canción que reivindica un soundtrack donde
caben todos los jóvenes: mancebos atemporales, divertidos, melancólicos.
Está temblando. “No mames, ¿es en serio?” “Se escuchó la alerta sísmica” “Tranquilos, no bajen”.
El video se detiene y todos se mueven de su lugar. Los más risueños sólo caminan unos pasos de
distancia. El patinador de antaño Jonathan Real sale del espacio de la proyección a la terraza para
intentar explicarle a su novia que todo estará bien. Se agita la ropa olvidada en el rack que ahora
sirve para saber que, en efecto, todo se mueve. Instrucciones aleatorias de qué hacer o a dónde ir.
Según Cristhian, amigo de quienes no patinan, algunas personas alcanzaron a dejar el edificio
antes de que el seísmo de 5.7 grados interrumpiera la función y desatara llamadas histéricas de
familiares preocupados.
Pasados los primeros segundos del movimiento telúrico, se aceleran las voces en tonos
sarcásticos y estallan risas en diferentes puntos. “¡Un saludo para esa banda bien pacheca!”,
alguien grita desde la masa de patinadores hacia cualquier lugar, asegurando que había más de
una persona pálida víctima del mal viaje por THC y la coincidencia de estar en un edificio, en el
último piso, ¡en la Roma!
Algunas personas menos. El video está congelado en la pared de cristal al fondo mientras los
asistentes se vuelven a reunir alrededor del proyector. Nadie moriría por ver un video de patinetas.
“Nosotros no tenemos algo que nos identifique, siempre es la cultura de allá [Estados Unidos].
Consideramos que nosotros también tenemos algo que decir y básicamente fue lo que nosotros
quisimos incluir en el video. La cultura mexicana”, dice Ana.
“La marca [Garbage] es más como un equipo que patina, no es moda. Pero sí nos gusta ese pedo
callejero, es algo que está muy adherido: esa vida de calle. Intentamos dar productos nuestros, ya
sea foto, video, arte, pero a nuestra manera. Podemos incluir alguna tendencia, pero la
construimos a nuestra manera”, vuelve a decir con simpleza la culpable de que Garbage exista.
Entre planes y despedidas ya no quedan muchos en Insolente. Los que atendían la barra del fondo
ya están fumando un toque y pasan desapercibidos del resto. Después de haber sobrevivido a
encuentros disonantes y movimientos nauseabundos, todos se pasean con total tranquilidad.
En el ascensor caben cinco. No, seis. Bajan entre chistes inacabables hasta pisar tierra como un
náufrago pisa un bote. Al fin a salvo. Se anclan en grupos de cinco, de seis personas en la acera
de Manzanillo número uno.

La noche se cuelga en el tiempo que les queda. Ya están cenando, ya están con sus familias,
vuelven a abrazarse los amigos. Daniel parte al lado de Ana. Después de este montaje quieren
hacer otro de media hora, “como que cada patinador pueda tener su parte o algo así estaría chido”,
dice Daniel, quien agrega: “Nosotros tratamos de decir lo que queremos. Decir: Aquí estamos”.

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