Porque lo escrito no sólo está en el papel

Fb.
Image Alt

Palabra Digital

Artículo de Fondo

Géneros periodísticos licenciatura

Segundo lugar
Declaración tardía, fatalidad humana

Por: Emiliano Fernández Ortiz

La Organización Mundial de la Salud (OMS) es el cuerpo de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU) encargado de dirigir y coordinar temas relacionados con la salud internacional.
Durante la pandemia de Covid-19 el planeta ha visto perder la vida de ciudadanos de diversas
nacionalidades por causa de una declaración que tardó en ser dada.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, director ejecutivo de la OMS, declaró pandemia un poco tarde
—un mes y medio después de que se confirmara la transmisión humano-humano— únicamente
100 mil personas contagiadas en no más de 60 naciones distintas con enfermos de Covid.
Finalizó 2019 con la detección de casos de neumonía cuya etiología era desconocida, ésta fue
realizada por el Centro de Centro de Control y Prevención de Enfermedades de China. Wuhan, la
capital de la provincia de Hubei, China, el epicentro.
El último lunes del año mencionado —30 de diciembre— instituciones médicas locales fueron
notificadas de las acciones a tomar, esto por la Comisión de Salud Municipal de Wuhan, fueron
indicadas de tratar urgentemente a los pacientes con dicha enfermedad. No pasó ni un día cuando
la Comisión Nacional (China) de Salud envió a un grupo de expertos a la capital de la provincia de
Hubei para conducir investigaciones epidemiológicas del brote.
Hasta este momento el mundo era completamente ignorante de que se gestaba el perfecto caldo
de cultivo para que la pandemia de Covid prosperase. Miedo e inacción (in)justificados.
Mucho se ha dicho que China retuvo información relevante para que se detuviese la propagación
del SARS-CoV-2, pero esta historia es contada por la sociedad occidental, de la que México es
parte. La narrativa más fuerte la tuvo el presidente estadounidense Donald Trump quien le decía
llamaba “Chinese virus”.
Esta idea fue reforzada por los medios de comunicación —no porque éstos sobrenombrasen al
coronavirus— sino a que se enfocan en los sucesos que más les puedan generar ingresos, los
muertos que ha habido.
Pero pongamos los hechos en perspectiva. El Anexo 2 de “Regulaciones Sanitarias
Internacionales” (2005) de la OMS declara que los Estados Parte tienen la obligación de informar a
dicho organismo de cualquier “evento dentro de su territorio que pueda constituir una emergencia
pública de interés internacional”.
La Oficina Nacional de China de la Organización Mundial de la Salud fue informada el 31 de
diciembre sobre los brotes detectados por la comisión de salud en Wuhan el día anterior.
Esto quiere decir que China cumplió con lo que está obligado por las regulaciones internacionales.
Igualmente China compartió la secuencia genética del virus el 7 de enero de 2020.

Tedros Adhanom dijo el 30 de enero —7 mil 824 casos confirmados en 17 países— que declaraba
una “Emergencia Pública de Interés Internacional” y que no era “lo que está sucediendo en China,
sino lo que está sucediendo en otros países”.
Por otra parte —y de lo que poco se habla— es que el organismo tardó dos meses once días en
declarar una pandemia, mientras que la doctora Margaret Chan en 2009, con el brote de influenza
H1N1 tardó menos de dos meses.
Los tiempos en los que se tomó acciones, por parte del organismo encargado de salvaguardar la
salud internacional, fueron demasiado largos en momentos que se necesitaba más que nunca la
acción pronta y oportuna.
Cuando Tedros Adhanom hizo la declaración de pandemia ya había pasado más de un mes de su
declaración de “Emergencia Pública de Interés Internacional”.
Para este momento ya existían 118 mil 629 casos de Covid en más de 60 países del mundo. Uno
podría pensar que fue un poco tarde, yo estoy seguro que fue demasiado tarde.
Durante la conferencia en la que Ghebreyesus lo hizo oficial dijo: “La OMS ha estado evaluando
este brote diariamente y estamos profundamente preocupados, tanto por los niveles alarmantes de
propagación y gravedad, como por los niveles alarmantes de inacción. Por lo tanto, hemos llegado
a la evaluación de que el Covid-19 puede caracterizarse como una pandemia”.
Si bien también refirió que usar esa palabra a la ligera causaría miedo irrazonable, es
completamente válido pensar que de haber que el supuesto “miedo irrazonable” hubiese sido más
razonable si con eso se hubiesen perdido menos vidas.
En ningún momento intento plantear que de haberse declarado antes la pandemia el mundo no se
hubiese contagiado, lo que pienso es que se debió hacer una mejor evaluación con los datos que
tenía la organización.
Tan sólo en enero de 2020, el SARS-CoV-2 ya había salido de China, ya se mostraba una
propagación relativamente sencilla, se había comprobado casos de transmisión humano-humano.
Lo que mostró el director ejecutivo de la OMS fue una carencia de criterio, que si bien no es el
quien toma la decisión, es él el que tiene la última palabra. Ya tenía datos suficientes para justificar
una declaración de la magnitud que se merecía el mundo, una adecuada a las circunstancias, una
en tiempo suficiente para que los Estados Parte empezasen a actuar y dejasen de informar.

Tercer lugar
La noche y sus fantasmas: Francisco Tario y su literatura

Por: Gerardo Farell Ávila

En los años treinta y cuarenta del siglo pasado, Octavio Paz y Elena Garro vivían en una casa de la
calle de Saltillo, en la colonia Hipódromo Condesa, donde se percataron de unos ruidos extraños
en la casa de atrás, la que se encontraba en la calle de Etla. Ruidos de una máquina extraña y de
un pianista melancólico traían intrigados a la pareja de escritores. Un día se dispusieron a

averiguar quienes eran los que hacían los ruidos y descubrieron al escritor Francisco Tario y su
esposa, Carrmen Farell.
En ese instante inició una amistad entrañable entre las dos parejas y empezaron a tener tertulias,
donde recreaban obras de teatro o recitaban poemas, todo grabado con un gramófono que Tario
usaba para divertirse o fungir como una especie de presentador radiofónico. En esas grabaciones
se oye, por primera vez, la voz de Octavio Paz grabada por algún instrumento, así como la de
Elena Garro y la de un joven Jose Luiz Martínez.
Misterioso y enigmático, Francisco Peláez Vega nació el 9 de diciembre de 1911 en la Ciudad de
México. Hijo de españoles de Llanes, en Asturias, donde vivió toda su niñez y donde nacería su
hermano, el pintor Antonio Peláez. En 1931, con 19 años, Tario, palabra purépecha que significa
“lugar de ídolos”, empezaría a trabajar en la tienda de su familia, Casa Peláez, junto con su papá.
En ese entonces se vuelve portero del Club Asturias, donde le dieron los apodos de El Elegante
Peláez o Adonis Peláez. Su carrera acabaría cuando, en 1934, un jugador del Atlante le suelta una
patada en los riñones y lo lesiona, causando que dejara el deporte para siempre. También ese año
conoce y se hace de novios con Carmen Farell, hermana de mi bisabuelo, el Coronel de la Fuerza
Aérea Luis Farell Cubillas. La belleza de Carmen y de Tario hizo que su boda causara revuelo y
pese a las fricciones que tenía con mi bisabuelo, al final se casaron al compás de los valses de
Chopin, referente de Tario en varios cuentos, como en La Noche del vals y el Nocturno, parte de su
primer libro de cuentos, La Noche, publicado en 1943.
A mediados de los años cuarenta y cincuenta, la familia Pelaez/Farell (o Tario/Farell) se mudaría a
Acapulco, donde Tario tendría un cine y de doonde se basó para escribir Acapulco en el sueño,
después de eso, ya en los sesenta, tendría una especie de exilio en España, así lo describe el
periodista Alejandro Toledo, que se ha dedicado a recopilar y armar la vida de Tario. En Madrid, en
1967, moriría Carmen Farell de un derrame cerebral; la que fue su eterna acompañante y una
especie de editora de sus textos. Ella siempre lo acompañó y lo amó con todo su corazón. En Una
Violeta de más, Tario le pondría la siguiente dedicatoria: “Para ti, mágico fantasma, las que fueron
tus últimas lecturas.”
Después de eso, comenzaría su tercera y última fase, donde, según Antonio Peláez: “Quizás
descubrió finalmente que la soledad era su verdadera condición.” Una Violeta de más sería su
última novela que el publicaría vivo, pese que dejaría tres obra de teatro, recopiladas en El Caballo
Asesinado y otros relatos, y el Jardín Secreto, la cual tenía escondida en su buró de su cuarto,
según lo ha relatado uno de sus hijos, el pintor Julio Farell.
El escritor fallece el 30 de diciembre de 1977, dejando un universo literario lleno de diversidad y
fantasmas.
Francisco Tario se volvería un gran escritor, pero uno marginal, ya que las corrientes literarias en
México posrevolucionario era justamente plasmar los recuerdos que se tenían de la Revolución.
Libros cómo Se llevaron el cañón para Bachimba (1940) de Rafael F. Muñoz o Cuentos bárbaros
(1930) de Gerardo Murillo, Dr. Atl, eran un ejemplo de las corrientes literarias que predominaban en
nuestro país. Pero Tario incursiona en las letras aún así, con La Noche (1943), un libro de cuentos
que llevan al lector por un viaje fantástico de desesperación, melancolía y fantasía. Le da vida a
objetos mundanos, como un féretro, o ideas abstractas, como a los valses y nocturnos.
Según el escritor Gabriel García Márquez, Tario escribiría uno de los mejores cuentos del siglo XX,
que es La Noche de Margaret Rose, un cuento de fantasmas que recuerdan a Aura de Carlos
Fuentes, que, de cierta manera, fue aprendiz de Tario, o a los cuentos de Amparo Dávila, otra
escritora olvidada por los cánones literarios.

Alejandro Toledo piensa que la literatura de Tario tiene un génesis, y esa es la antología de
literatura Fantástica de Jorge Luis Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. Comenta en un
reportaje hecho hace unos años por el Canal 22, que dentro de los libros de Tario que logró
conseguir, estaba la primera edición de la Antología, publicada en 1940. Dice que ese fue el
“eslabón perdido” dentro de los orígenes literarios de Francisco Tario.
Algo que destaca mucho Tario como escritor es que rompe los cánones de solemnidad en el
lenguaje utilizado en la literatura mexicana. Si bien hay palabras que tienen cierta rareza, los
cuentos son muy fluidos y absorbentes, como en La Noche de los cincuenta libros, donde el cuento
se vuelve tan grotesco que quieres dejarlo, pero al mismo tiempo quieres ver en qué acaba y como
acaba.
Podría considerarse un cuentista, aunque tiene novelas y obras de teatro, pero donde destaca
mucho es en la diversidad de sus cuentos, algo que competiría con Juan Rulfo, que también tiene
una literatura cargada de personajes diversos. También tiene uno que otro poema, ya que
disfrutaba leer poesía.
Francisco Tario destaca como uno de los mejores escritores mexicanos del siglo XX, que compite
con Rulfo, Fuentes e incluso con el mismo Octavio Paz, el cual tuvo una profunda amistad con
Tario e incluso le dedicaría un poema a Carmen Farell (o Carmen Peláez). Es un escritor
incomprendido en su época, pero que al mismo tiempo depende de esa época para hacer su obra
literaria. Marginal, eso sí, pero por dos razones: por el tipo de literatura que estaba de moda en esa
época, y que él tampoco buscó destacar mucho, pese a estar rodeado de grandes escritores y
personajes de esa época, como Manolete, que también frecuentaba la casa de Tario.
Veo a Tario en Dávila, en Fuentes, pero también en Alberto Chimal, en Bernardo Esquinca, en Bef,
en los nuevos escritores mexicanos que exploran la fantasía mexicana y experimentan con una
diversidad de contenido que solo Francisco Tario lo ha hecho antes.

Post a Comment

You don't have permission to register