Rocódromos en el Distrito Federal
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Por: Emily Ramsey |
Cae la noche y como cualquier otro martes o jueves, el muro está lleno. Entre las paredes desplomadas, Rage against the machine y los videos de Chris Sharma transmitiéndose en la pantalla, la competitividad está al tope. Los presentes llevan sus cuerpos a su máximo rendimiento, colgados de los dedos, intentando sacar cada vez un movimiento más. En los demás rocódromos de la ciudad, pasa lo mismo. Es la hora de los escaladores, la hora de sacar nuevos boulders y olvidarse de todo lo demás.
Como éste, existen varios espacios en el Distrito Federal para practicar el deporte de la escalada. En el sur, Casa boulder o 22kn; hacia el centro, Onyx; al norte, el famoso Carlos Carsolio. Son los rocódromos más grandes y más completos, aunque también existen algunos más pequeños y menos formales, inmersos dentro de algún gimnasio como (qi, sportium, sport city). El fenómeno del rocódromo ha transformado a este deporte, alguna vez considerado un deporte de locos, en algo que cualquiera puede hacer, hasta aquellos que le temen a las alturas.
Cómo se practica
Primero se estira, para evitar que los músculos se puedan lastimar, unos quince minutos. Después, se recomienda hacer travesías para calentar (movimientos de izquierda a derecha del muro). Se puede trabajar potencia o resistencia, dependiendo de lo que se necesite. Al último: barras, bloqueos y abdominales. Han pasado ya dos horas y media. Un baño y se está como nuevo; cansado, pero como cualquier otro ejercicio, extrañamente revitalizado.
Hace tan solo 30 años, los escaladores en todo el mundo se topaban con mucha incomprensión; eran unos “locos perdidos” que se exponían a fuerzas indómitas de la naturaleza. Se les consideraba poner en riesgo sus vidas constantemente y también se les atribuía una falta de integración social. En ese entonces no había los sistemas de seguro y equipo que existen hoy en día.
Ahora hay todo para explotar este deporte de manera segura: equipo fabricado y certificado por las asociaciones alpinas más importantes del mundo, la UIAA (Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo) y la CE (Comunidad Europea). Esta evolución del equipo y la tecnología trajeron consigo, a finales del siglo pasado, la creación de los rocódromos, espacios delimitados por muros de triplay o fibra de vidrio, atiborrados de agarres de resina que ayudan a mejorar la técnica de cada escalador y prepararlo para lo que está afuera, en las vías naturales.
La belleza cae en las infinitas posibilidades. Un muro con 50 agarres puede tener muchísimas combinaciones, y cada una de estas se puede adaptar a la habilidad, destreza y resistencia de cada escalador. Por esta razón, los rocódromos son tan divertidos y en las últimas décadas han ido ganando cada vez más popularidad; los hay ahora hasta con instalaciones como sauna y bar, gimnasio y tiendita. Cualquiera que se lo proponga, puede escalar; lo único que necesita es un par de pies de gato (zapatos de escalada), unas horas libres y ganas de divertirse.
Los precios varían dependiendo del lugar. La jornada oscila entre los cincuenta y los ochenta pesos, dependiendo de lo completo que esté el escalódromo (qué tan completo sea para poder entrenar correctamente). Asimismo, la mayoría de lugares permiten pagar una mensualidad, la cual conviene para aquel que quiere ir más de dos veces por semana.
Algunos rocódromos también ofrecen cursos de escalada: desde introducción a la escalada y entrenamiento, hasta cursos más avanzados como escalada deportiva, tradicional y multilargos. La finalidad de estos cursos es enseñar los conocimientos suficientes para poder escalar cualquier vía de roca natural que uno se proponga, seguro y eficientemente.
“Una vez que te hayas metido, no hay vuelta atrás…” Esta frase describe un pasaje de la vía Steck/Salathe en el valle de Yosemite, en California. Se escala una fisura ancha, a menudo con el cuerpo totalmente metido en su interior a más de diez metros: cuesta avanzar pero es una vivencia increíble.
Todas las tardes, amateurs y avanzados se reúnen en los rocódromos del mundo a entrenar para aprender este tipo pasos, motivarse con los otros escaladores, y mejorar y aumentar su rendimiento para poder encadenar (subir una vía hasta el final, en un tirón y sin descansa o caer en la cuerda) cualquier vía de roca natural a la que se enfrenten. |