La espera
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Por: Carolina Bustamante |
Anina está en la ventana de la cocina; parece que espera a alguien. La brisa revolotea su cabello y sus ojos anhelan un suspiro.
-¡Ya llegó! Ese es mi príncipe, mi verdadero amor; es alto, tiene bellos ojos, su porte es perfecto, parece un hombre honrado y es musculoso; creo que hace ejercicio… trae un balón de soccer.
Anina lo ve pasar, jugando, por su ventana
-Mmm pero… ¿no es muy alto para mí? Ha de medir como dos metros y yo apenas y alcanzo el metro con 60 centímetros; sus ojos…sus ojos están bien; pero camina un poco jorobado, nunca lo había visto por el vecindario ¿y si es un ratero? . No es tan musculoso, está flaco, pero tiene pancita chelera, trae un balón de soccer, por aquí no hay cancha de soccer…creo que sí es un ratero; pero aunque no lo fuera…a mí no me gusta el soccer.
Anina decide seguir esperando, observa a todo aquel que pasa frente a su casa; pero ningún caballero le convence; o son muy altos o muy chaparros, calvos o greñudos; con aretes, orejones, muy coquetos o sin gracia, deportistas o borrachos, rateros, secuestradores, locos o muy serios; de esos que solo viven para trabajar o simplemente nunca tienen tiempo para un helado.
Ella decide seguir esperando, está convencida que en cualquier momento pasará sobre la acera, frente a su ventana, el amor de su vida, su príncipe azul…
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