El llamado de Londres
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Por: Alonso Díaz de la Vega Tinoco |
A través de la bruma del Canal de la Mancha, una alarma viajó durante los días oscurecidos por el humo, iluminados por el fuego, aplastados bajo la suástica nazi. “This is London calling (Este es Londres llamando)”, decía una voz a radioescuchas de la BBC World Service en Europa continental y buques aliados. El 14 de diciembre de 1979, The Clash, una banda inglesa autoproclamada como un grupo-noticiero se armó con la frase para revertirla contra sus creadores y exhibir con furia un mundo al borde del apocalipsis. London Calling, el llamado de la falsa beatlemanía, el punk, agrietó las ondas radiofónicas como un trueno disparado por las nubes de la protesta y el descontento. México respondió a la invocación sutilmente: nunca se dio cuenta de que se había unido al movimiento, la marginación dentro de sí lo cegó.
En la radio nacional, el llamado se extravió en su camino a través del Atlántico. “London Calling fue una canción subversiva y eso no le gusta a la autoridad”, explica Iñaki Manero, alguna vez locutor de Rock 101 FM, ahora conductor de dos noticiarios en 88.9 Noticias. Afirma que el Punk no se oye mucho, salvo por bandas como Ramones, Sex Pistols y The Clash, cuyo sonido es ahora parte de la cultura popular estadounidense e inglesa.
México responde
Hace ya treinta años que Londres llamó a las hordas inconformes a unírsele en el canto del himno que es ahora ya un clásico del rock. Con las cenizas del movimiento de 1968, el sudor y la sangre formaron la arcilla que daría forma a una cultura de punks mexicanos desde Santa Fe hasta Neza, pasando por San Fernando y San Felipe de Jesús, sin embargo, las primeras ventanas se quebraron en San Ángel.
Javier Hernández, conocido mejor por su apellido materno, Chelico, se ha dedicado a cubrir y fotografiar noticias de rock toda su vida, ha colaborado con El Nacional, la revista Conecte y actualmente escribe una columna para La Jornada, llamada En el Chopo, desde donde recuerda el arribo del estridente sonido extranjero: “Como casi todos los ritmos juveniles entró por la clase media alta por chavos como Piro Pendas, de Ritmo Peligroso”. Recuerda que a partir de 1980, se comenzó a escuchar el choque de sonidos y gargantas desgarradas en las zonas pobres de la ciudad, de donde salieron “las bandas que son pilares del Punk” como Rebel’d Punk, Massacre 68, Síndrome y, más adelante, Espécimen 1987, Virginidad Sacudida, Histeria y Atoxxxico, entre muchos más.
Cómo llegó el rugido desde las minas del descontento inglés hasta las colonias marginadas, es inexplicable, pero Iñaki Manero tiene una hipótesis: “Pienso que el Punk llegó aquí por la migración y la cultura del este de Los Ángeles y Chicago, donde hay una preponderancia de la cultura mexicana y le mandaban al primo o al hermano que vivían en Neza o Tlatelolco, un cassette con una banda del momento”.
“El movimiento tuvo su importancia”, recuerda Chelico, señalando producciones exitosas como el himno San Felipe es Punk, de Rebel’d Punk, sin embargo admite que el alcance social sigue en discusión: “Aquí la cultura punk está medio gruesa en las tocadas (…), aquí cuando hay una tocada punk, los punks no entran, prefieren estar echando su chela que entrar a la tocada”.
Iñaki Manero concuerda: “Pregúntale a los darketos que iban a Rockotitlán (Un importante foro para la cultura rockera del DF) y cuando veían que llegaban los Punks se iban de volada por la fama muy bien ganada de violentos que tenían, precisamente por ser contraculturales e iconoclastas. Ir en contra de todo era la bandera y existía una agresión que provoca ciertos enfrentamientos, porque no sólo es un estilo de música sino de cultura también”.
El locutor también revela que a partir de un concierto que los Ramones ofrecieron en el Balneario Olímpico Juan de la Barrera en 1993, la presencia de la aculturación dentro del punk mexicano, pues los teloneros de aquella función fueron El Tri, quienes a pesar de tocar blues, fueron bien recibidos por la audiencia. “Un punk te acepta cuando se da cuenta que eres auténtico. SI llegas y les dices ‘¡A ver hijos de su pinche madre!’, en ese momento se van a decir ‘Este es de los nuestros’ (…), aunque no sea el mismo género musical yo lo voy a respetar‘.
Conecte
“Fue una revista muy importante, le dieron mucho aire al punk”, explica Chelico sobre la revista de Rock más trascendente en la historia de México, Conecte. Sus colaboradores, Luis Galicia y Gustavo “Oso” Munguía, hablan con humor de la historia de las hojas que llevaron sus nombres impresos: “Conecte nace cuando nace el Rock (…). Nació en 1972, después de las revistas México Canta y Rock Poster, luego vino Conecte, de la misma editorial”.
Conecte era el cofre más preciado con información sobre el Rock, se podían encontrar artículos sobre todo tipo de bandas nacionales e internacionales, llegó a imprimir, según Luis Galicia, hasta 55 mil tirajes, fue dirigida por Arnulfo Flores Muñoz y estuvo activa hasta principios del nuevo milenio.
Conecte también recibía trabajos de corresponsales, como lo fue el propio Luis Galicia, quien reportaba desde Los Ángeles, donde adquirió su característica habla spanglish y pudo ver a las grandes bandas de punk y hasta toparse con Joey Ramone, de los Ramones: “Esto fue en el 82, my friend, estaban(los Ramones) en el Club Palace en el Sunset Boulevard y también estaban Blondie, los Talking Heads y Tom Tom Club (…). Se suspendió el concierto porque había unos narcos que estaban gruesos, había un chingo de patrullas y peleas de Punks (…) en la calle y (…) estaba yo haciendo de la chis en el baño cuando entró Joey Ramone (…) y me dijo que no quería hacer entrevistas y que lo veo que empieza a inyectarse heroína. Le dije que me firmara un saludo para los fans de México y yo viéndolo ahí cómo se estaba harponeando”.
Here Today…
… Tomorrow Gone (algo así como Hoy aquí, mañana ya no) era el título de una canción de 1977 de los Ramones, que en su título parecía describir la naturaleza efímera del punk. Chelico afirma que “fue una generación espontánea. Hubo gente muy conocida (…), pero un líder Punk, está cabrón definirlo”. Iñaki Manero observa que el Punk se ha convertido en un elemento decorativo en las calles de Londres, el crisol donde se fundió el pacto de lucha que según el locutor, “ya no existe más que en México y algunos otros países latinoamericanos (…). Aquí el Punk sigue siendo una figura contracultural y contestataria, es un movimiento relegado, pero por ser así ha conservado su pureza (…) ellos siguen marginados porque así lo quieren” y mientras tanto, en otras partes del mundo, fue el nihilismo el que definió su fin, junto con la comercialización, y lo único que quedó fue el Grunge -la corriente musical e ideológica nacida de los sectores pobres de EU durante la administración de Ronald Reagan y representada por bandas como Nirvana y Pearl Jam-, cuyos miembros “se sentían los herederos del Punk y del Hard Rock de principios de los 70”.
El espíritu permanece, sin embargo, en personajes como Rolo, vocalista de Atoxxxico entre 1991 y 1995, que ahora se dedica a la venta de playeras en el tianguis del Chopo. Él piensa que “el punk en la actualidad, se me hace muy controversial porque muchos chamacos lo agarran como moda, pero creo que todavía existe un movimiento con muy pocas gentes”.
Rolo piensa que el ver al punk como una forma de vida representa una falta de respeto el verlo como una moda, pues “no es sólo la música, es de actitudes (…), ni la ropa ni el pelo te pueden hacer punk. A un trajeado, tú lo ves como una persona decente y normal y en realidad es el asesino o el secuestrador. Lo que te hace es tu ideología”, asevera.
Rolo, que ahora viste como un transeúnte más y cubre con una gorra los cabellos que alguna vez se erigieron como torres, asegura que el lazo del prejuicio lo alcanzó y su ropa Punk atrajo miradas paranoicas que, bajo la dictadura de la ignorancia esperaban que él fuera un drogadicto o un asaltante, sin embargo, Rolo cuenta que “luchábamos por hacer algo con la gente que estaba más marginada que nosotros. Un ejemplo fue el sismo del 85 (…), nosotros estuvimos en los escombros sacando gente, y nosotros con nuestros pelos parados, y decían: “¿Qué pasa?”. A lo mejor tenían la desconfianza de que les fueras a robar o cosas así, pero finalmente tratabas de ayudar a esa gente por la calidad humana que tienes y como punk también, para que la gente viera que éramos otra cosa”. |