Ciudad 26/02/2010  



Comedores comunitarios; el derecho ciudadano a la alimentación a bajo costo y con calidad nutrimental

  Por: Monkey



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ateando la calle de Argentina, en el número 63 detrás de catedral, se encuentra la cocina popular “Coyolxauhqui”; uno de los 160 comedores comunitarios que el gobierno de la Ciudad de México ha implementado con la ayuda de ciudadanos “comprometidos con el bien social” .

Estas cocinas, similares a las conocidas fondas donde se sirven comidas corridas, suelen abarrotarse de hambrientos comensales debido a dos principales razones. Uno, los platillos son bastos y suculentos, y dos; incluye sopa, arroz, guisado, frijoles, tortillas, agua y postre por la módica cantidad de – redoble de tambores – diez pesotes.

Ciertamente la ubicación de los comedores populares no está dentro de lo más Inn de la ciudad, sino que, como su nombre lo indica, han sido estratégicamente colocados para que acudan fácilmente las personas que más lo necesitan.

Según la fuente oficial (Gobierno del Distrito Federal), una familia de cinco integrantes ahorra tres mil pesos al mes comiendo en la cocina popular en vez de acudir a las famosas fondas.

Además de la cuestión económica, existen ciertas diferencias a considerar respecto a otras casas de comida.

Primero que nada, formarse y pagar la cuota, posteriormente se debe tomar la lista y anotar su nombre. No es necesario presentar ninguna credencial, así que si se teme por el qué dirán, es posible anotar cautelosamente el nombre de Benito Juárez o cualquier otro personaje en vez del propio.

La meta que pretende alcanzar el gobierno con la ayuda de los dueños de estos establecimientos es proveer doscientas raciones diarias por cocina, logrando así un total de 32 mil raciones al día principalmente para la población de las unidades territoriales clasificadas como de media, alta y muy alta marginación.

La ausencia de servilletas pasa desapercibida cuando se tienen “las noticias por Adela” en el televisor y sobre todo cuando se tiene una buena compañía al lado de la mesa, como la de Virginia, vendedora ambulante de antenas de televisión.

Vicky, como la llaman en este comedor comunitario y quien asiste constantemente,  confiesa, después de pedir más arroz, que le gusta bastante esa cocina; además, ciertas noches, visita otra cocina donde la comida es gratuita pero ahí nada más recoge la comida y nunca se queda porque dice, “ahí aceptan de todo, puro teporocho y gente así; pero la comida está buena, la otra vez dieron bisteces a la mexicana, unos pedazos bien grandes, pero hay que llevar su plato”.

Así,  termina su postre y agradece la ayuda del gobierno porque a veces no hay ventas y no sale ni para comer. Deja sus platos en una bandeja enorme, reconoce la sazón de la cocinera y aconseja acudir a la cocina comunitaria en vez de comer en la calle, donde la comida sale más cara y probablemente no esté tan limpia.

http://www.comedorescomunitarios.sds.df.gob.mx/

 

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